
Es curioso que 2012 funcione en formato trailer o spot de 30 segundos. Cuatro explosiones, un avión volando que escapa de una ciudad convertida en volcán, edificios cayéndose, una inundación… Jopé, esto hay que verlo. Y es curioso porque después, precisamente estas explosiones y este efecto acumulación es el que hace que la película nos parezca más que olvidable. Podréis comprobarlo todos a partir de hoy mismo en vuestro cine preferido.
Además, los publicistas de la película de Emmerich no se rinden y siguen intentando hacer que nos creamos que los críticos admiran 2012. En este caso, en un spot han introducido tres críticas: “¡Fenomenal!”, “Entretenimiento espectacular” y, mi favorita, “¡La película más excitante del año!”. Eso sí, de la crítica de Stephen Farber (“Película de desastres repleta de clichés que emocionará al público menos exigente”) no dicen una palabra. Tampoco son tontos.
John Cusack y compañía han llegado dispuestos a poner patas arriba la taquilla (con permiso de Carrey) y, ya de paso, el mundo entero. No hace falta que esperemos tres años para ver el fin del mundo: Emmerich nos lo enseña tal cual ahora. ¡Y encima nos quejamos! ¡Si es todo un visionario!
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Pocos estrenos en una semana dominada claramente por la última propuesta en cine de catástrofes: el fin del mundo, ni más ni menos. Ah, y un estreno navideño inexplicablemente desplazado. Hagamos este repaso, menos interesante de lo habitual.

A Roland Emmerich se le ha ido de las manos. Empezó con extraterrestres, siguió con Godzilla, y, cuando parecía que su mayor índice de destrucción había llegado con la tormenta más grande del siglo, va el muchacho y se carga el mundo al completo con un tedioso Apocalipsis. 2012 es una película de la que se pueden decir muchas cosas. Tristemente, pocas de ellas positivas. Y es que, cuando un blockbuster como este ni siquiera entretiene, algo está fallando en la maquinaria hollywoodiense. Si a alguien le importa saber los más que previsibles giros de la trama o dónde hay una inundación y dónde una explosión atómica, quizá no deba seguir leyendo, ya que quizá haya algún que otro spoiler.
Hay una palabra que define perfectamente a 2012: Saturación. Cuando hay un pequeño terremoto en Los Angeles, la película emociona y entretiene. Cuando el estado de Hawai se ha transformado en un criadero de volcanes, una inundación se come la India y, entre tanto, una familia americana escapa en un avión cargado –oh casualidad- de coches de lujo hacia unas naves espaciales ubicadas en una presa en medio de China terminas pensando que estarías mejor haciendo cualquier otra cosa que viendo semejante mamarrachada.
Lo más curioso es que la película quiere tener rigor científico, pero es como darle seriedad a un episodio de los Teletubbies. Pero no es solo por esto por lo que Emmerich realiza su peor trabajo como guionista hasta la fecha, sino por intentar que cada escena tenga tres cosas básicas: Un chiste, un hecho épico y un efecto especial impresionante. Así, mientras la casa de la familia de John Cusack se parte por la mitad, él no tiene problema alguno en entrar, hacer una bromita y, por supuesto, salir épicamente en coche mientras el suelo se abre bajo sus ruedas. Uauh.
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