
Ya tenemos entre nosotros la nueva película de Pedro Almodóvar, Los Abrazos Rotos, y como siempre en los últimos años, no decepciona. Tras este bello título se esconde un film que trata temas universales como el amor y los celos, bajo el prisma de una estructura que bascula entre el thriller y el drama, y con toda la maestría visual que este gran autor del cine patrio es capaz de ofrecer. Un gran homenaje al cine, y a la vez una declaración de intenciones de cómo entiende el séptimo arte el realizador manchego.
Lógicamente, un valor añadido que hará que mucha gente vaya a ver el film es la presencia de Penélope Cruz, tras haber ganado el Oscar este año. La actriz es casi el alma de la película, pero sería injusto no mencionar el trabajo del resto de actores.
Y la historia, como suele ser el habitual en el Almodóvar de los últimos años, es compleja, con múltiples capas y subtramas, muy elaborada. Pero aparte de todo eso, también subyace una visión del mundo del cine, con el clásico recurso del film dentro del film. Porque Los Abrazos Rotos es también la historia de la creación de una película.

La cinta comienza mostrándonos a Mateo Blanco, un antiguo director de cine que perdió la vista hace catorce años, y que ahora se dedica a escribir guiones respondiendo sólo al seudónimo de Harry Caine. Está interpretado de manera contundente por el gran Lluís Homar, que sería el protagonista del film. En sus charlas con Diego, el hijo de Judit, la mujer que siempre lo ha apoyado, el espectador irá descubriendo, a la vez que el chico, el pasado del ex-director, su relación con Lena, su musa y el amor de su vida, interpretada por Pe, y las circunstancias que le llevaron a la pérdida tanto de su visión como de Lena.
La historia se nos va narrando mediante continuos flashbacks, mezclando esta historia de amor y celos con una trama que se acerca al thriller clásico en la más pura tradición hitchcockiana. Encontraremos más historias dentro de esta historia, como un rompecabezas de impecable factura, como una serie de muñecas rusas que nos van desvelando nuevos detalles a medida que el argumento avanza.
Y además, también contaremos con una galería de secundarios muy interesante, amén de apariciones estelares de viejos conocidos de Almodóvar. Porque en este film, aparte de rendir un homenaje al al cine, sobre todo el clásico de Hollywood, el realizador se permite homenajearse a sí mismo con referencias a otras de sus películas. En este sentido, en el film que rueda el cineasta interpretado por Homar, Chicas y Maletas, encontraremos un montón de guiños a cintas como Mujeres al Borde de un Ataque de Nervios (1988).
Así pues, veremos en Chicas y Maletas a Chus Lampreave y Rossy de Palma, que remiten en seguida a su etapa más transgresora. Y hablando de este film imaginario, tenemos una breve pero hilarante aparición de la popular Carmen Machi, que ha hecho que el director le dedique incluso un cortometraje protagonizado por ella.

Y no puedo acabar de hablar de estos secundarios sin mencionar a Lola Dueñas, que realiza una intervención muy puntual pero realmente graciosa como lectora de labios. Y a Ángela Molina, que encarna a la madre de Lena, un personaje que apenas aparece pero que es capaz de romper el corazón.
Y ya que he mencionado antes a Judit, el auténtico apoyo de Mateo, este personaje está interpretado de una manera magistral por Blanca Portillo, sin duda una de las mejores actrices españolas. Es increíble la gama de registros que abarca, desde la amargura más profunda hasta una ternura manifiesta. Literalmente se come la pantalla con sus intervenciones.
Así pues, una película de grandes interpretaciones, incluida Penélope Cruz con un personaje muy rico en matices, y que por cierto en las escenas de rodaje nos recordará a la mítica Audrey Hepburn, otro guiño al cine clásico. Pero como he dicho todos los intérpretes están realmente bien. Y es que Almodóvar es un gran director de actores. O mejor dicho de actrices.
Y en lo que Almodóvar demuestra seguir siendo un genio es en la captación de la realidad mediante los diálogos, rápidos, ingeniosos y naturales. En este sentido, me encanta cómo estos diálogos están repletos de detalles casuales que les dan credibilidad. Sirva de ejemplo uno en el que un personaje, subiendo a una ambulancia, hace un comentario que no viene a cuento, con un “es que llevo su chaqueta”, que es respondido con un no menos torpe y absurdo “ah bueno, vale”. Como la vida misma. Porque ya estoy un poco harto de que en las películas los personajes siempre tengan la frase justa e ingeniosa en el momento adecuado.
Hablando del realizador, su labor de dirección es impecable. Durante todo el film se nos mostrarán escenas narradas con una gran fuerza. Ahora me viene a la cabeza una en la que Penélope Cruz expresa en voz alta lo que dice ella misma en una grabación y, aunque las palabras sean las mismas, su expresión es realmente diferente.
Además tendremos imágenes de una gran belleza, donde podemos apreciar cómo el director aprovecha paisajes como el de Lanzarote, o su habitual uso del color, sobre todo en la decoración interna de las casas. También muchas escenas remitirán al cine de los años 40 y 50, como algunas que ocurren en una escalera, con un aroma inconfundiblemente clásico.

Y en todo momento, el manejo de la cámara es poco menos que magistral. El estilo de Almodóvar se ha depurado con los años, y aquí disfrutaremos de travellings, planos y contraplanos, juegos con la profundidad de campo y el enfoque, aprovechamiento de reflejos, tanto en la pupila de un ojo como en la superficie de un armario. Desde luego, una delicia para los sentidos.
Hablando de sentidos, hay que mencionar la maravillosa partitura de Alberto Iglesias (que, junto a Roque Baños, parece el único que sabe hacer bandas sonoras en este país). Su estilo nos hace recordar claramente al gran Bernard Herrmann, no en vano la película adopta sobre todo la forma de un thriller de Alfred Hitchcock.
En este homenaje al cine clásico, pero también a su propia filmografía, Almodóvar realiza un ejercicio de metacine, por lo que puede decirse que Los Abrazos Rotos es un compendio y condensación de su estilo. Desde luego, esta cinta sería el Fellini 8 y 1/2 (1963) de Almodóvar.
Muchos pueden decir que Almodóvar está mirándose el ombligo y que peca de alardes estéticos, pero yo defiendo que el director no se infravalora ni se reprime a la hora de desplegar todas sus armas de realizador, convirtiendo el propio discurso cinematográfico en el auténtico protagonista del film. De hecho, el proceso de creación y montaje de Chicas y Maletas, ese film imaginario, es tan importante para el argumento como toda la historia de amor y celos, que acaba siendo casi una excusa para mostrarnos cómo se crea una película. Y en este sentido, el final lo dice todo, porque las películas hay que acabarlas, aunque sea a ciegas. Ya lo veréis, valga la contradicción.
Además, este film es al mismo tiempo universal, en cuanto a su vocación de seguir los patrones clásicos, y muy patrio, en cuanto al tema de las pasiones y el imaginario que aparece en la puesta en escena, con esos colores tan típicos del director. Realmente es curioso que Almodóvar sea al mismo tiempo uno de los creadores más universales sin renunciar al sabor local, a su cultura autóctona.

Eso sí, no todo es perfecto en este film, y precisamente el hecho de que sea tan estéticamente trabajado, tan pulido, hace que peque de frío. Excepto en determinadas ocasiones, la mayor parte de lo que nos explican no logra emocionarnos. Almodóvar se pierde en la maraña de su propia técnica.
Y otro defecto es sin duda la irregularidad del ritmo, que hace que, frente a escenas muy potentes y fuertes, tengamos otras que, francamente, podrían haberse quedado en la sala de edición, ya que ralentizan mucho la cinta, especialmente en su segunda mitad. Es curioso que esto ocurra en una película que defiende tanto el proceso del montaje. De todas formas el director manchego nos ofrece una lección de cine.
Porque sin duda Los Abrazos Rotos es un canto de amor al cine, hecho por Almodóvar, sin duda uno de los mayores amantes del séptimo arte que hay en nuestro país. Esto es el cine visto como creación, como crecimiento, incluso como muerte. Esto es el cine según Almodóvar.

danierujp
24 mar 2009 - 23:36 - #1la muerte… qué guay :) tb está un poco en los otros films que he visto (”Hable con ella”, con la muerte siempre acechando y “Volver”, con ese plano secuencia o travelling -no sé, jaja!- del principio). Ojalá haga algún día una peli más centrada en la muerte…
el color me hipnotiza, y hace que me sorprenda a mí mismo cuando me pone una habitación “típica española” y sienta que es una obra de arte (hablo sobre todo de la habitación en Lanzarote, que creo que salía en el tráiler, por cierto, el mejor tráiler que he visto desde el de Sin City!).
Ohdaesu_cinemaniablog
25 mar 2009 - 02:39 - #2Pues sí, se puede decir que la muerte es una constante en la obra de Almodóvar, a través de muchas formas… Y el color es otra, sin duda.
Y yo también recuerdo con mucho cariño el trailer de Sin City, que acabó siendo mejor que la película, como en tantos otros casos…
miriana.critica
05 abr 2009 - 14:17 - #3ES LO QUE TIENE SER ALMODOVAR… ¿Cuánto ha costado esta peli? Ocho millones de euros, 10, 12, da igual, para mostrarnos qué, un collage de lugares comunes almodavarianos a los que el director se aferra como a un clavo ardiendo, tratando de recordarnos quién es, qué es lo que hizo y quedando nada más que en eso, en un recuerdo, una desesperada cita de sí mismo. Lo malo de esta película no es que sea vacía, aburrida y completamente intranscendente, hasta tal punto que resulta incuestionable, sino que pocos sean los que se atrevan a reconocerlo ¿qué le pasa a la crítica? ¿están dormidos? ¿comprados? ¿o tan descorazonados con el cine que no esperan nada más de él? Como decía al principio, es lo que tiene ser Almodóvar que, como el cuento de Andersen, nadie –dejémoslo en pocos, demasiado pocos para semejante truño- se atreve a decir que el emperador va en pelotas por riesgo a ser considerado poco inteligente –léase sensible-. Y esto me lleva a preguntarme ¿Almodóvar no tiene ningún amigo? ¿Almodóvar impresiona tanto a todos que no hay quien sea honesto con él y pueda decirle: “tío, esto no, aquí ya no hay quien se lo trague”, “tío, esto es un truño… cúrratelo un poco más”, siempre pensé que los grandes artistas, reconocidos por el público –los que gozan de ese privilegio-, tenían a alguien –uno al menos- que les dijese le verdad a la cara, para no perder el contacto con la realidad… Almodóvar vemos que no. ¿Es que Pe, su buena amiga, que ha hecho tantas pelis, no pudo decirle, “¡Pedro! Este diálogo yo no lo digo” “o ¿no crees que se te ha ido la mano con el culebrón?”. Da tanta pena ver a esa Blanca Portillo diciendo lo que ni ella misma se cree –aunque lo intenta muy bien, por lo buena actriz que es-. Una historia llena de cabos sueltos, diálogos insustanciales, situaciones injustificadas e inverosímiles, permitiéndose, encima, ajustar cuentas con el cambio de musas. Poniendo a Pe en lugar de la magistral Maura en Mujeres al borde de un ataque de nervios, ahí, repartiendo estopa, y dejando claro que “ya quisiera el gato…”, por suerte para él, Pe llegó más tarde o Mujeres… no habría sido lo mismo. Lo dicho, la peli la salvan los 5 últimos minutos de Carmen Machi, grandiosa y la calmada honestidad Lluís Homar.
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