
Jaden Smith es el hijo de Will Smith. Este dato, que a estas alturas sabe toda persona viviente, es vital para comprender no ya el éxito, sino la mera existencia de The Karate Kid, el remake de la mítica película que antaño protagonizaran Ralph Macchio y Pat Morita y que nos presenta las mismas situaciones que el original pero remodeladas. A lo grande. Y para qué negarlo, se pasa un rato la mar de entretenido con una historia en la que sabemos lo que va a pasar desde el principio pero que en ningún momento se hace insultante para el espectador.
Uno se sienta a ver The Karate Kid (que sí, que hace kung fu, hasta hacen bromas en la película al respecto) de dos posibles maneras: O bien esperando un bodrio de dos horas y media (que, entonces sí, se nos hará larguísima y aburridísima) o bien yendo a entretenerse. Y ahí es donde la película dirigida por Harald Zwart (Superagente Cody Banks, La Pantera Rosa 2) funciona a la perfección, con todos los engranajes bien aceitados y preparada para darnos lo que todos esperamos.
El niño americano que llega a China, se enamora de una chica, es vapuleado por sus compañeros de colegio, es instruído en las artes del kung fu por un maestro que nadie esperaba que lo fuera, aprende a marchas forzadas y finalmente se enfrenta a sus compañeros en un combate, a pesar de que lo pase muy mal por el camino. El final podéis imaginároslo. Esta no es ninguna película indie, así que iros olvidando de ver a Jaden Smith muerto o cosas parecidas.
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Judd Apatow se ha convertido en un reputado productor de comedias, de las que destaca su elenco de actores y guionistas y un tono siempre a caballo entre el realismo más estricto y la comedia juerguista. Esta indefinición en sus propuestas suele dejar casi siempre con la impresión de no haber terminado de rematar la faena. En esta ocasión repite con Nicholas Stoller, quien dirigió Paso de tí, el film escrito e interpretado por Jason Segel del que se ha extraído el personaje del rockero pasado de vueltas de Russell Brand que protagoniza ahora Todo sobre mi desmadre. Si le sumamos la presencia de Jonah Hill y apariciones estelares de Aziz Ansari o Kristen Bell reinterpretando el papel de Sarah Marshall, está claro que todo queda en casa.
Aaron Green es un joven ejecutivo en un sello discográfico que pretende volver a poner en el candelero a uno de sus músicos favoritos, el indomable Aldous Snow. Para ello organiza un concierto aniversario en el teatro Greek de Los Angeles que devolverá la fama al rockero, emocionalmente perdido desde su reciente ruptura sentimental y el sonoro fracaso de su último disco. Para lograrlo, Aaron tendrá que volar hasta Londres para acompañar al artista hasta Estados Unidos. Por el camino se topará con las excentricidades de Aldous y aprenderá en su propia piel lo que es ser una estrella del rock.
Tanto el planteamiento como los actores elegidos para la película no podrían ser más acertados. Russell Brand es una rock star en si mismo y Jonah Hill esta realmente divertido interpretando a su alucinado personaje. Ambos dos trasmiten la buena química que existe entre ellos y ese atinado casting es muy de agradecer. Las situaciones en las que terminan involucrados los personajes son de lo más delirantes y son muchos los chistes que funcionan como un reloj. Ademas, al tener lugar la historia con la industria musical del fondo, encontramos como genial añadido al film, todo lo referente a la farándula y el petardeo. De esta manera la película cuenta con cameos de Christina Aguilera, Pink o el mismísimo Lars Ulrich.
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“¿Quién es Salt?” inquieren las paredes del cine, los tráilers, los spots, las revistas, los gigantescos posters en medio de la plaza del Sol en Madrid y hasta las etiquetas del champú. Mi contrapregunta después de ver la película es “¿A quién demonios le importa quién es Salt?”. No solo la pregunta es incorrecta (debería ser más bien un “¿De qué lado está Salt?”), sino que el desarrollo da tantos giros innecesarios, absurdos e inútiles que uno termina preguntándose si el filme lo ha escrito un guionista o un conductor borracho pegando volantazos.
Y es que Salt vive de los giros argumentales y los golpes de efecto… aunque muchas veces no sepamos ni cómo tomárnoslos en serio, provocando la carcajada general en el respetable, más preocupado de ver cómo la agente interpretada por Angelina Jolie pasa desapercibida con solo tintarse el pelo que con sus sencillotas intrigas de telefilme vespertino.
Todo comienza cuando Salt, una heroína estadounidense (y ex-agente doble que trabajó contra Corea del Sur, donde fue atrapada y torturada) es acusada por un ruso que parece demente de ser una agente doble rusa reclutada desde pequeña para matar al presidente ruso en el llamado “día X”. Día que, claro, es ese mismo domingo. La gente del FBI, en lugar de tomarse a choteo al ruso en cuestión, prefiere retener a Salt para que rellene papeleo. Pero Salt no quiere esperar y se escapa como puede, siendo perseguida entonces por medio ejército.

Ya creíamos que nunca iba a pasar, que se convertiría en una película maldita que jamás vería la luz en nuestro país (como el Titus de Julie Taymor y Anthony Hopkins) pero Phillip Morris, ¡te quiero! se estrena el próximo viernes en nuestro país. Algo que no puede decir el público norteamericano, que sigue esperando a que una distribuidora se decida de una vez por todas a estrenar a una película mucho menos polémica de lo que algunos quieren creer. ¿Cómo puede seguir siendo un obstáculo que una historia de amor entre dos hombres sea un obstáculo comercial para una película protagonizada por dos estrellas del calibre de Jim Carrey y Ewan McGregor? El mundo en general y Hollywood en particular están locos, pero ellos se lo pierden porque Phillip Morris, ¡te quiero! es una película sorprendente.
Y digo sorprendente porque juega en esa lista de películas encabezadas por El bosque del perseguido (a veces con razón) M. Night Shyamalan de “películas que nos venden una cosa y al final son otra muy diferente…. muy válidas, pero distintas a lo que nos habían prometido”. Es lo que pasa con la ópera prima de Glenn Ficarra y John Requa, guionistas de Bad Santa. Por mucho que Jim Carrey gesticule, Phillip Morris, ¡te quiero! no deja de ser un drama maquillado de comedia negra. Según avanza la película, más tristes se tornan los acontecimientos y más aislados son los ingeniosos toques de humor provenientes de un buen guión que avanza paso a paso, sin estridencias y con un toque más clásico de lo que podría . ¿Es decepcionante ese giro al drama? Para un servidor, simple y llanamente no porque ante todo estamos ante una buena película.
Eso ya es más de lo que se puede decir de la reciente carrera de un Jim Carrey un tanto desaparecido de la gran pantalla y que últimamente se ha prodigado únicamente en malas películas (The Number 23), mediocres (Fun with Dick and Jane) o efectivas, aunque ha vistas en su carrera (Dí que sí, remedo a la inversa de uno de sus grandes éxitos, Mentiroso compulsivo). Y no, no soy de los snobs que piensan que el actor sólo ha estado bien en Man on the Moon, El Show de Truman u Olvídate de mí. Me gusta Carrey y me gustan sus muecas por muy agotadoras que puedan resultar (probablemente con razón) al detractor de turno.
A pesar de contar en el cartel con dos estrellas del cine juvenil como son Dakota Fanning y Kristen Stewart, la autoría del proyecto tanto en la escritura del guión como en la dirección, pertenecen a Floria Sigismondi que durante los años noventa reinventó la estancada imaginería del videoclip y se destapó como una visionaria camaleón pudiendo adaptar su estilo al goticismo de escombrera de Marilyn Manson o a la frialdad de un David Bowie reciclado ya por enésima vez . Las expectativas no podrían ser más altas si ademas contamos con una historia tan meteórica como fugaz como fue la de The Runaways.
La película nos cuenta la génesis de la banda, así como sus momentos más álgidos antes del rápido desplome. Un manager con olfato pero sin el suficiente interés para apoyar a su creación terminarán de chocar con las inseguridades de una adolescente Cherrie Curie presa fácil para el mundo de la droga. Por el contrario, el rock en las venas de Joan Jett la teledirigen a triunfar en un mundo reservado solo para los hombres.
El comienzo de The Runaways asienta el tono de una manera contundente. La primera menstruación de Cherrie Curie nos adentra en un viaje hacia la madurez con estilo de película setentera. Si ya es difícil hacerse mayor, más todavía lo es cuando se catapulta al éxito a un grupo de adolescentes ruidosas y con ganas de plantar cara al sexo opuesto en muchos sentidos. Poco se explica del trasfondo social de las chicas que se va descubriendo a medida que su relación avanza acompañando el metraje del film y dando las pistas necesarias para comprender sus reacciones posteriores. Padres alcohólicos, madres que abandonan el país y familias disfuncionales por definición. Es por ello que me quedo con esa parte del crecimiento emocional (y físico) antes que con la historia del grupo, que queda como poco más que una anécdota en el arranque de la carrera de Joan Jett.
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Si en cada una de las películas de Ashton Kutcher se le sustituyera por un saco de patatas, el resultado sería el mismo o incluso superior. Desde Colega, ¿Dónde Está mi Coche? hasta El Efecto Mariposa, el actor ha demostrado ser tan expresivo como un objeto inerte. Por suerte para él, en Killers tiene un duelo interpretativo con una actriz a la que la deserción televisiva le ha ido fatal: Katherine Heigl, la antaño ganadora del Emmy como la doctora Izzie Stevens de Anatomía de Grey y actual mujer florero en películas románticas sosainas… como Killers.
Es difícil enumerar uno a uno todos los problemas con los que uno se va a encontrar en Killers, pero antes que nada hay que dejar algo claro: Entretiene a ratos. Es la típica película veraniega de la que nadie en sus cabales espera absolutamente nada, por lo que cualquiera de sus mínimos aciertos parece un remojón en una piscina de agua fresca. ¿El problema? Que tiene muchos más errores que aciertos, partiendo de un inicio aburrido y terminando con una conclusión que causará vergüenza ajena en el espectador.
Ya su argumento suena a añejo y contado antes (entre otras cosas porque, efectivamente, ya se ha contado antes en películas como Noche y Día): Un agente secreto del FBI conoce a una chica a la que su novio le acaba de plantar y se enamoran. Al cabo de los años, ya casados, alguien vuelve a perseguirle y a intentar matarle dios sabe con qué propósito. A partir de aquí, escenas de acción sin ton ni son mezcladas con discutibles escenas de humor perlarán la película.
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Estamos en la cola del cine, el 6 de Agosto, en plena realidad. Giramos nuestra peonza para ver cómo cae del lado derecho, asegurándonos de que estamos conscientes. Sabemos lo que vamos a ver: Origen, la nueva película de Christopher Nolan con Leonardo DiCaprio y que trata de “algo relacionado con los sueños”. Lo que uno no puede imaginar es a la complejidad argumental a la que puede llegar semejante premisa. Ojo, no estamos diciendo que Origen sea incomprensible: Es sencilla de entender, pero obliga a tener los cinco sentidos alerta y fijados en el filme.
Nos sentamos en la butaca, mientras miramos la pantalla vacía. Pantalla que durante las siguientes dos horas y media se va a llenar de tramas imposibles, rocambolescos giros de guión y una película que acierta a la hora de tomarse muy en serio a sí misma pero que quizá resulta demasiado pretenciosa y liante para lo que quiere contar. Pero de momento no sabemos nada de eso. La pantalla está en blanco. Cerramos los ojos.
Primer sueño. Leonardo DiCaprio borda un papel en el que interpreta a un hombre que entra en los sueños de la gente para robar información de la mente y que esta vez debe hacer algo que supuestamente no se ha hecho nunca: Meter información. Es mucho más complicado, infinitamente más complejo y necesitarán crear una estrategia tan fiable como irrompible. El punto de partida se ha creado, es claro, conciso y, sobre todo, atrayente. Cerramos los ojos.
Imagenes de Origen de Christopher Nolan




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Ya nos hemos hecho a la idea de que todo aquello que haya tenido cierto éxito en el pasado va a ser actualizado por la turmix de Hollywood, así que si encontramos razones para darle una oportunidad a todas estas recreaciones más nos vale hacerlo con la mente abierta y sin llevar ideas preconcebidas a las salas de cine. El Equipo A es un divertidísimo entretenimiento que basándose en la popular serie de los ochenta, revitaliza el concepto llevándolo de una manera muy consciente hasta el terreno del videojuego.
La premisa del film es la ya conocida por los seguidores de la serie. El grupo de operaciones especiales comandado por Hannibal Smith se crea durante la guerra que tiene lugar en Oriente Medio y allí ganan fama por utilizar formas poco heterodoxas a pesar de ser muy efectivos. Cuando regresan de una arriesgada misión secreta encuentran que el único alto mando que conocía de dicha operación ha muerto en un atentado y todas las pruebas les incriminan en un crimen del que son inocentes. Tras ser degradados y encarcelados, deciden demostrar su inocencia encontrando a los verdaderos culpables, sin saber todo lo que les espera para lograrlo.
El despliegue de medios del que ha contado Joe Carnahan para narrar la historia del comando fugitivo es realmente impresionante. No se ha escatimado en presupuesto o imaginación para hacer que cada escena de acción supere en magnitud e intensidad a la anterior, que es en definitiva de lo que aquí se trata. Así mismo, el retrato de los personajes es muy adecuado al recuerdo que guardamos de ellos, aunque sus respectivos roles dentro del comando han quedado en ocasiones algo desdibujados.
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Aquí tenéis el resumen de los mejores trailers, imágenes y noticias que os hemos ofrecido durante esta semana en cinemaniablog, y los estrenos de la semana. ¡No os perdáis nuestro especial con motivo del esperado estreno de Eclipse!.
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El hecho de crecer no significa que nos convirtamos en unos cretinos. Y si hay alguien que se hace mayor y empieza a menospreciar las películas de su infancia y los dibujos animados en general, pues qué queréis que os digamos: Él se lo pierde. Y es que las únicas personas que no verán Toy Story 3 como lo que es son estas personas amargadas y tan maduras que opinan que crecer es igual a dejar de soñar. Por cierto, quizá os estéis preguntando “¿Y qué es Toy Story 3?”. La respuesta es sencilla: La mejor película del año.
O, al menos, de lo que llevamos de año, aunque raro sería que alguna película consiguiera desbancar a una Pixar que quizá con esta tercera parte no firma su mejor película, pero que ha vuelto a sorprendernos a todos dando una vuelta de tuerca a unos juguetes que no parecían dar más de sí con un tándem exquisito, una mezcla entre drama y comedia que os hará saltar las lágrimas, primero de risa y luego de emoción. Llevad kleenex, porque vuestras gafas 3D acabarán empapadas.
Y es que da igual que vayáis sobre aviso: El hecho es que vais a llorar. No importa si la vais a ver en 3D, en 2D, en español, en inglés o en batusi. Si habéis crecido con Toy Story, es imposible que el final que los chicos de Pixar nos han preparado no os haga sentir verdadero amor por los personajes. A todo esto, solo quiero dejarlo caer: ¿No es curioso que las tres últimas películas que nos han hecho llorar a muchos en el cine… hayan sido las tres últimas de Pixar?
Continuar la lectura: Crítica: Toy Story 3. Pixar nos regala otra obra maestra

Cuando a un guionista de Marvel no se le ocurría qué contar, salía con un “What if”, o, lo que es lo mismo, contar una historia partiendo de un punto hipotético. ¿Y si Spiderman hubiera sido picado por un mosquito radiactivo? ¿Y si Hulk fuera rosa? ¿Y si Galactus no comiera planetas sino granizados de limón? Los guionistas de Shrek: Felices Para Siempre (antes conocida como Shrek: Capítulo Final) parecen haber leído muchos de estos cómics, porque la historia que nos cuentan es todo un continuo “Qué pasaría sí”. Eso sí, al menos es, de manera innegable, muy entretenida.
Si hiciéramos el simil con una serie de televisión, si la primera Shrek fue un genial episodio piloto, la segunda un episodio memorable y la tercera un final insatisfactorio, esta cuarta parte es ese episodio de relleno divertido pero innecesario que, simplemente, podríamos saltarnos sin que a nadie le importara lo más mínimo. Y es que ya está todo contado en la saga Shrek, y nos encontramos al ogro verde casado, con hijos, con amigos y feliz.
Pero Shrek, que es un aguafiestas y no se siente a gusto con su nueva vida, firma un contrato con un malvado contratista mágico, Rumpelstiltskin, y vuelve a ser el ogro que era durante 24 horas a cambio de que el malo de turno coja un día de su infancia. ¿Cuál? El de su nacimiento, haciendo que Shrek nunca haya existido y, por tanto, nunca rescatara a Fiona, por lo que el contratista se convierte en el dueño de Muy Muy Lejano. Pero todo tiene su truco, y si Shrek termina besando a una Fiona que no le recuerda antes del amanecer, todo volverá a la normalidad. Si no, Shrek morirá para siempre. Oh, qué nervios por saber lo que ocurrirá.
Imágenes en Alta Definición de Shrek Forever After




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Mark Millar es uno de los mayores genios del cómic hoy en día. Hay quien critica su exceso de serie B, su casquerío, su constante querer ir más allá, pero realmente ha demostrado que es un excelente guionista. Superman: Hijo Rojo, Civil War o 1985 son solo algunos de los ejemplos de cómics serios que ha realizado, aunque el que mejor resume toda su carrera es, sin lugar a duda, Kick-Ass, cuya adaptación a cine se estrenará el 4 de Junio en nuestro país. ¿Y cómo ha resultado la adaptación? Digamos que, simplemente, fallida. Y a partir de aquí, hablaremos con muchos spoilers. Avisados quedais.
Y es que Kick-Ass ha destrozado por completo el espíritu del cómic, a pesar de ser una adaptación literal durante su primera hora. Tristemente, en cierto punto Matthew Vaughn decide dar un giro por completo a la trama del cómic y transformar a Kick-Ass en un completo y absoluto vencedor capaz no solo de luchar por algo (su… novia. Sí, fans del cómic, habéis leído bien), sino de convertirse en un superhéroe practicamente real. Toda una traición a lo que Millar nos quería contar en Kick-Ass.
Nuestro protagonista volará, luchará y no será el patán que debiera ser. Pero no es el único punto en que la película destroza por completo a los personajes. Big Daddy (traducido en nuestro doblaje como “Big Papi”) pasa de ser un pringado amante de los cómics a ser un ex-policía y un auténtico superhéroe. Todos los que leímos el cómic abrimos la boca de par en par mientras pensamos que esto no es, ni de lejos, lo que esperábamos.
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